Fraternitas Sancti Joseph Custodis

Fraternidad de San José Custodio | Fraternity of St Joseph the Guardian | Fraternité de St Joseph Gardien

 
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Espiritualidad

 

A ejemplo de San José, tenemos como fin específico el tomar parte en el encargo que nuestro patrono recibió de lo alto: custodiar y servir a Nuestro Señor Jesucristo, quien manifiesta la Verdad y Amor Eterno de Dios, y así velar por la inserción ordenada del Hijo de Dios en el mundo, [1] restableciendo el primado de Dios en las mentes y corazones de los hombres, [2] y llevarles a prestar a Dios revelador el homenaje del entendimiento y la voluntad.[3]

 

En efecto, "San José, al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege a su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo."[4] A esta Iglesia custodiada por nuestro Patrono queremos servir todos los días de nuestra vida y en su seno deseamos morir. Toda nuestra vida debe caracterizarse por el amor y la obediencia a la Santa Madre Iglesia, y en particular al Santo Padre, Sucesor del Apóstol Pedro. Consideramos de capital importancia fomentar en las almas el amor al Sumo Pontífice, así como también la sumisión a sus enseñanzas y directrices.

Queremos así cooperar en el gran misterio de la Redención, constituyéndonos verdaderamente en ministros de la salvación[5] mediante la contemplación, predicación y enseñanza de la Verdad Revelada, uniendo la vida de oración, piedad, sacrificio y estudio con la santificación de las personas y la educación -sobre todo de la doctrina cristiana-.

En razón del mismo amor a Nuestro Señor que cultiva la Fraternidad, cada miembro busca encender la llama del amor divino en las almas para que todas se salven y lleguen al pleno conocimiento de la Verdad (II Tim. 2, 4). Así, los miembros se afanan con ardiente celo por que le conozcan y le amen.

Con la gracia de Dios, el amparo de María Santísima y la intercesión de San José, el primer medio para alcanzar nuestro fin es que cada miembro busque sin descanso su santificación personal en el estado al cual ha sido llamado, viviendo unánimes y teniendo todos el mismo pensar, la misma caridad, el mismo ánimo, el mismo sentir, (Fil. 2, 3) un corazón y un alma sola (Act. 4, 32).

La contemplación de las cosas divinas y la unión asidua con Dios en la oración debe ser el primer y principal deber de todos los religiosos.[6] Por esto, los actos centrales de cada día son la participación en la Santa Misa, la cual es celebrada tanto en la Forma Ordinaria como Extraordinaria, y el canto de la Liturgia de las Horas, la adoración al Santísimo Sacramento y la meditación, el rezo del santo rosario, el estudio y la lectio divina, guardando silencio en nosotros para buscar el "locutorio" donde Dios nos hable.[7]

Evocar la revelación natural para enriquecer y fortalecer la revelación sobrenatural es un recurso propio y permanente. El ámbito rural, en su contacto con la naturaleza, con su belleza, grandeza, fuerza, orden y armonía, hace de él un medio propicio para plasmar en la inteligencia y el corazón los atributos divinos y la dependencia y ordenamiento de la criatura al Creador. La contemplación y el contacto con la creación nos permite descubrir cómo ella nos habla de la existencia, belleza y amor de Dios Padre Creador, sabiduría que enriquece la catequesis y una espiritualidad creacional que alimenta la piedad litúrgica.

En el contacto con la creación tenemos una "escuela" donde atraer a los hombres y mujeres de todas las esferas sociales y culturales para formarles en nuestro espíritu, ordenar las inteligencias y disponer las voluntades en orden a las virtudes. En efecto, las almas encuentran un lugar adecuado para fijar virtudes como la humildad, obediencia, laboriosidad y solidaridad, las cuales facilitan el crecimiento sólido de la virtud de la caridad.

Por este medio -la contemplación y contacto con la creación- facilitamos en las mentes y corazones de las almas la inserción ordenada del Hijo de Dios en el mundo.

De modo especial, la Fraternidad cultiva en sus miembros y promueve a los fieles la devoción a la Eucaristía, a la Sagrada Familia y a cada uno de sus miembros: al Sagrado Corazón de Jesús, al Inmaculado Corazón de María y a nuestro patrono San José, custodio, intercesor y modelo de toda virtud. Todos los miembros portan el escapulario de la Virgen del Carmen e invocan diariamente al Angel guardián.

Según el espíritu de la Fraternidad, nos queremos dar al anuncio y expansión del Reino de Cristo, reino de Verdad y Amor, sin admitir indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos,[8] privilegiando los medios que destaca la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi de S.S. Pablo VI.[9] Ante todo, los miembros buscarán dar un testimonio de vida ejemplar con esfuerzo y sin cansancio, haciendo suyo el espíritu y las tradiciones de nuestra Fraternidad. "Aún a costa de renuncias y sacrificios" [10], los miembros de la Fraternidad se empeñan en predicar el Evangelio de Nuestro Señor, por medio de homilías, sermones, novenas, retiros, ejercicios espirituales, misiones populares, publicación de libros y los medios de comunicación social entre otros. La enseñanza de la doctrina y cultura católica en general constituye una de nuestras principales labores apostólicas.

Privilegiamos la catequesis permanente, "tratando de fijar siempre en la memoria, la inteligencia y el corazón las verdades esenciales que deberán impregnar la vida entera", [11] y "descubrir cada día la inefable belleza del Amor de Dios en nosotros"[12]

El trato persona a persona, "mediante la cual se llega a la conciencia personal del hombre y se deja en ella el influjo de una palabra verdaderamente extraordinaria que recibe de otro"[13], es característico de la Fraternidad. La formación personalizada, integral y permanente, aprovechando los "grupos naturales", la dirección espiritual a laicos y el apostolado de la amistad cristiana deben estar sobre el trabajo con grandes masas. Queremos ser capaces de acompañar a cada uno de nuestros fieles "en el conocimiento profundo de sí mismo, y conducirlo a la unión íntima con el Señor, para que su existencia se conforme cada vez más al Evangelio".[14]

Como "la evangelización no se agota con la predicación y la enseñanza de una doctrina" [15], nuestra labor apostólica debe conducir y coronarse con los sacramentos, que introducen en la vida sobrenatural "y en la admirable fecundidad de gracia y santidad que contienen." [16] Por último, ocupa un lugar especialísimo en la actividad misionera de la Fraternidad el cultivo y promoción de la piedad popular, que por siglos ha alimentado y fortalecido la fe y piedad de los pueblos, y que aún hoy ofrece innumerables recursos.

[1] Cf. Juan Pablo II, exhortación apostólica Redemptoris Custos (RC), 8
[2]Cf. Mc. 12, 29-31; Dt. 6, 5.
[3]Cf. Concilio Vaticano II, constitución dogmática Dei Verbum, 5.
[4 ]RC, 1.
[5]Cf. RC, 8. [6] CIC c. 663§1
[7] Cf. Benedicto XVI, audiencia general, miércoles 9 de septiembre de 2009.
[8] Cf. Pablo VI, exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi (EN), 5
[9] Cf. EN, 40-48
[10] EN, 78
[11] EN, 44
[12] Benedicto XVI.
[13] EN, 46
[14] Benedicto XVI, audiencia general, miércoles 16 de septiembre.
[15] EN, 47
[16] Ibid.